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La contravigilancia digital de la población refugiada de Myanmar en Tailandia
  • Nyi Nyi Kyaw
  • May 2024
Punto de control fronterizo en Mae Sot en el denominado «Puente de la Amistad» entre Tailandia y Myanmar. Autoría: Nyi Nyi Kyaw

Los países de acogida tienen notables competencias para vigilar a las personas que migran por la fuerza. Sin embargo, este estudio de caso de Tailandia demuestra que esta comunidad puede usar su propia capacidad de agencia para llevar a cabo una labor de contravigilancia y reconocimiento a través de medios digitales.

Las imágenes, los vídeos, los informes en medios de comunicación y las campañas informativas en las que se muestra a personas que migran por la fuerza en todo el mundo siendo interceptadas, arrestadas, encarceladas o deportadas podría llevar a pensar que estas personas carecen de agencia y que están sometidas a una constante vigilancia estatal. No obstante, aunque las personas que migran por la fuerza suelen tener mucha menos agencia y poder que las fuerzas de seguridad, esto no significa que carezcan totalmente de ellas. Este artículo se basa en la labor de reconocimiento mediado por las tecnologías digitales de la comunidad refugiada procedente de Myanmar en Mae Sot (Tailandia) para mostrar la manera en la que las personas que migran por la fuerza pueden realizar labores de contravigilancia.

La migración forzada, las redes sociales y la (contra)vigilancia

El control de las fronteras está cada vez más digitalizado. Algunos gobiernos en Europa intentan evitar que las personas que migran de manera forzada o irregular, tales como las personas procedentes de Afganistán, lleguen a sus fronteras y costas por medio de campañas en redes sociales y difundiendo información para dar a entender que dichas personas no son bienvenidas. El Gobierno danés incluso vigila con mayor detenimiento los perfiles de Facebook de aquellas personas refugiadas del colectivo LGBTQ.

Por otra parte, las personas refugiadas pueden utilizar Facebook por dos motivos principales: la necesidad de pertenecer a una comunidad y la necesidad de representarse a sí mismas. Esta red social fomenta un sentimiento de pertenencia y de expresión, al permitir a la persona elaborar o compartir publicaciones, comentarios, imágenes y vídeos. La expresión y el intercambio de información pueden realizarse de manera altruista y con fines sociales, por ejemplo, cuando se usa Facebook para buscar y difundir información tras una catástrofe.

La información y la expresión fluyen en múltiples direcciones y entre múltiples personas o usuarios dentro de una red social o una plataforma de mensajería. Las personas refugiadas, solicitantes de asilo o que fueron refugiadas en el pasado también emplean las redes sociales para compartir información, por ejemplo, para quienes se dirigen o han llegado al Norte Global. Hay menos material disponible sobre la manera en la que las personas migrantes por la fuerza en el Sur Global comparten información a través de medios digitales tras haber huido de sus hogares para refugiarse en países vecinos. El presente artículo expone un ejemplo actual proveniente del Sur Global: el de la comunidad refugiada de Myanmar en Tailandia.

La comunidad refugiada de Myanmar en Mae Sot (Tailandia)

La localidad de Mae Sot, ubicada en la provincia de Tak, en la parte inferior del norte de Tailandia, linda al oeste con Myanmar. Mae Sot ha acogido a miles de personas refugiadas procedentes de Myanmar desde la década de los 80 debido a los conflictos entre los grupos armados étnicos y los grupos en favor de la democracia, por un lado, y el ejército de Myanmar, por el otro. Las personas refugiadas procedentes de Myanmar que huyeron a Mae Sot tras la brutal represión a las personas disidentes y de la resistencia en el contexto del golpe militar del 1 de febrero de 2021 se contaban por miles.

Estas personas están repartidas por el territorio de Mae Sot y las áreas aledañas, en la provincia de Tak. Como grupo poblacional, quienes llegaron tras el golpe militar de 2021 gozan de un mejor nivel socioeconómico y educativo en comparación con quienes llegaron antes. Esto incluye a jóvenes estudiantes, personas del mundo académico, activistas, trabajadores sociales y funcionarios públicos. Muchas de estas personas, si no la mayoría, tienen competencias tecnológicas (en particular, en el uso de Facebook) gracias al acceso asequible y generalizado a Internet y a la libertad de expresión (digital) propiciada por la liberalización del sector de las telecomunicaciones de Myanmar desde 2011 hasta que se produjo el golpe.

A través de sus vivencias, este nuevo grupo ha conseguido dominar el arte de eludir y sortear las draconianas restricciones de acceso a Internet y la prohibición de Facebook impuestas por el Gobierno militar tras el golpe. Anteriormente, ya habían establecido numerosos grupos públicos y privados en Facebook, Signal y Telegram para intercambiar información cuando aún se encontraban en Myanmar. Por consiguiente, las personas refugiadas y solicitantes de asilo que llegaron de Myanmar a Mae Sot a partir de 2021 están bien preparadas para hacer uso de sus destrezas tecnológicas. Esta comunidad se percibe a sí misma como una tropa de compatriotas que se rebela contra la dictadura militar de su país de origen. Este fuerte sentido de camaradería política les ha servido para crear redes y equipos de contravigilancia y reconocimiento para protegerse en Tailandia.

La vigilancia física por parte de los cuerpos de seguridad en Mae Sot

Tailandia no forma parte de los países signatarios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Esto implica que el país no está legalmente obligado a reconocer o a tratar a las personas refugiadas y solicitantes de asilo procedentes de Myanmar como tales. Si bien Tailandia ha evitado en gran medida arrestar y deportar a las personas refugiadas desde 2021, no ha permitido que esta comunidad de más de 60 000 personas se asiente legalmente en Mae Sot. Esta localidad fronteriza es, en efecto, una «zona de contención», lo que implica que la comunidad de Myanmar no puede desplazarse libremente ni trasladarse a otros lugares de Tailandia. Sin visados ni permisos de trabajo, las personas refugiadas se exponen a que los cuerpos de seguridad las arresten de manera temporal o las extorsionen.

Una de las medidas para restringir la movilidad de la comunidad refugiada es el uso de puntos de control y el despliegue de patrullas en los accesos a la ciudad. Los puntos de control y las patrullas tienen dos funciones. La primera, de carácter oficial o lícito, es revisar documentación, arrestar a las personas indocumentadas o cuyos documentos sean inválidos o no estén en vigor y tomar medidas adicionales, inclusive la deportación. En realidad, esta función oficial rara vez se lleva a cabo. La segunda función es de carácter extraoficial, oficioso o ilícito, es decir, interceptar a personas refugiadas indocumentadas y exigirles sobornos para evitar el arresto o la deportación. Esta función es más común. Las personas refugiadas han tenido que pagar desde unos pocos miles de baht tailandeses hasta 30 000 (unos 840 dólares estadounidenses) o incluso más.

Para evitar que las detengan y extorsionen, las personas refugiadas de Myanmar optan por permanecer escondidas, aunque esta no es una opción viable para todo el mundo. Por tanto, generalmente solo una o dos personas de cada familia o grupo de personas o amistades convivientes corren el riesgo de salir. Quienes deciden hacerlo tienen tres opciones. En primer lugar, la normativa tailandesa permite que trabajadores extranjeros, inclusive quienes entraron al país de forma irregular cruzando la frontera sin un visado o un pase fronterizo, puedan obtener documentación laboral para trabajar en sectores con necesidad de mano de obra, como la pesca o la agricultura. Sin embargo, las personas refugiadas y solicitantes de asilo que no trabajan en estos sectores suelen pagar para obtener estos permisos a modo de protección contra el arresto y la extorsión. En segundo lugar, algunas personas refugiadas consiguen acuerdos de protección oficiosos (aunque, en cierta medida, eficaces) con la policía local, para lo que pagan cuotas mensuales o sobornos que suelen rondar los 300 baht a través de intermediarios. Esta medida es menos eficaz que la primera. En numerosas ocasiones, las personas refugiadas que han pagado sobornos a un funcionario y a un intermediario concretos han sido extorsionadas por otro funcionario cuando no han podido contactar con sus protectores. En tercer lugar, las personas refugiadas intentan eludir los puntos de control en la medida de lo posible. Para ello, deben llevar a cabo una labor de contravigilancia de los puntos de control y las patrullas.

La contravigilancia y el reconocimiento por parte de la comunidad refugiada de Myanmar en Mae Sot

Hasta enero de 2024, más de 60 000 solicitantes de asilo y personas refugiadas de Myanmar permanecen desplazadas en Mae Sot, por lo general, indocumentadas, sin posibilidad de moverse y en riesgo de ser arrestadas y extorsionadas si lo hacen. Durante los más de dos años que han pasado desde que se produjo el golpe de Estado en Myanmar, la comunidad refugiada ha tenido que cuidarse y protegerse a sí misma para no que los cuerpos de seguridad tailandeses no arresten, extorsionen o deporten a sus integrantes. De este modo, las personas refugiadas y solicitantes de asilo no solo demuestran su propia capacidad de agencia, sino que también la mejoran sustancialmente gracias a la innovación, prueba, uso y desarrollo de las herramientas y plataformas digitales disponibles.

Hay un componente de oferta y demanda en las labores de contravigilancia y reconocimiento de los puntos de control y patrullas por parte de la comunidad refugiada de Myanmar en Mae Sot. Antes de salir, las personas o grupos de personas refugiadas recopilan datos sobre la ubicación de los puntos de control y las patrullas en la ciudad, para lo que verifican la información en tiempo real en Facebook, Telegram y Signal, y trazan rutas seguras en un mapa. En estas tres plataformas hay grupos tanto privados como públicos a los que pueden unirse con o sin necesidad de que otros usuarios las recomienden o de que las acepten los propietarios, administradores o responsables de dichos grupos. Esta es la faceta de la demanda por parte de las personas usuarias. Por otro lado, quienes se refugian en Mae Sot y cuentan con competencias tecnológicas orientadas hacia la comunidad crean grupos de Facebook, canales en Telegram y grupos en Signal, actúan como centinelas a sueldo o voluntarios (e incluso contratan a otras personas para ello) y publican y comparten información sobre los puntos de control y las patrullas. Esta es la faceta de la oferta. La característica general de estas labores de contravigilancia y reconocimiento es el uso de las redes sociales, aunque también se emplean patrullas humanas y estrategias de recopilación de inteligencia sobre el terreno.

En el marco del presente estudio, se entrevistó a 24 personas usuarias de esos grupos de Facebook, canales de Telegram y grupos de Signal. De estas entrevistas se desprende que estas redes son, por lo general, fiables y útiles. Sin embargo, no son infalibles. La información no siempre es precisa. En ocasiones, las patrullas y los puntos de control aparecen de forma inesperada sin que estén aún dentro del radar de las personas refugiadas de Myanmar. En comparación con los puntos de control, que permanecen relativamente fijos durante un periodo de tiempo, las patrullas que se desplazan en coche o motocicleta son más difíciles de observar, identificar y reportar.

Al llevar casi tres años viviendo en Mae Sot, la comunidad refugiada de Myanmar también ha logrado detectar los patrones temporales y de ubicación de varios puntos de control, así como de algunas patrullas, lo que les permite moverse por la ciudad con relativa libertad y sin depender totalmente de la información que recopilan en Internet.

Es posible que los esfuerzos de contravigilancia y reconocimiento a través de los medios digitales que realiza la comunidad refugiada de Myanmar en Mae Sot no puedan replicarse en otros lugares. El tamaño relativamente pequeño de esta localidad y el número limitado de ubicaciones donde se encuentran los puntos de control y las patrullas permiten que las personas refugiadas puedan identificarlas y sortearlas con relativa facilidad. Este podría no ser el caso en ciudades más grandes como Bangkok.

Del mismo modo, las iniciativas en Facebook, Telegram y Signal pueden no ser viables a largo plazo en Mae Sot, ya que dependen en gran medida de la buena voluntad y de los esfuerzos digitales de las personas afectadas y los conciudadanos que colaboran con ellas. La vigilancia sigilosa de los puntos de control y las patrullas de Tailandia por parte de la comunidad refugiada puede desencadenar la represión de las autoridades. Debido a las posibles represalias por parte de las autoridades, es posible que la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales no estén dispuestas ni capacitadas para involucrarse y llevar a cabo proyectos de contraviligancia y reconocimiento digital por sí mismas.

Conclusiones

El uso de las tecnologías digitales para monitorizar los puntos de control y las patrullas en Tailandia por parte de la comunidad refugiada de Myanmar en Mae Sot pone de manifiesto el relativo poder y la agencia de esta comunidad en comparación con la capacidad desproporcionadamente superior del Estado tailandés para detener, registrar, extorsionar, arrestar y deportar a estas personas. Es importante reconocer no solo el papel que desempeñan la mediación digital y la conectividad, sino también la autosuficiencia y la capacidad de agencia de la comunidad refugiada.

Nyi Nyi Kyaw
Catedrático de investigación del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo sobre Desplazamiento Forzado en el Sudeste Asiático, Universidad de Chiang Mai, Tailandia
nnkster@gmail.com

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