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Tecnocolonialismo y biometría: un nuevo impulso al llamamiento para descolonizar la ayuda
  • Quito Tsui y Elizabeth Shaughnessy
  • May 2024
Fuente: Unsplash

Las organizaciones humanitarias reclaman cada vez más la descolonización del sector, pero suelen pasar por alto las formas de colonialidad que perpetúa la tecnología. Este artículo examina el despliegue y la omnipresencia de las tecnologías biométricas en el sector con el fin de impulsar de nuevo las medidas genuinamente encaminadas a la descolonización.

El legado del colonialismo está profundamente arraigado en el sector humanitario. En efecto, las relaciones desiguales de poder y las dinámicas de la era colonial son evidentes en este sector, en el que las organizaciones que representan a una minoría continúan priorizando sus intereses sobre los de las comunidades que representan a una mayoría. En los últimos años, el llamamiento de las organizaciones humanitarias en pro de la descolonización no ha dejado de crecer. No obstante, el debate es aún incipiente y la naturaleza cambiante de la colonialidad hace que el reto sea mayúsculo. A pesar de que estos debates y esfuerzos cuestionan de manera acertada las estructuras de poder en el contexto de las operaciones humanitarias, por ejemplo, en cuestiones como la elaboración de programas y la captación de fondos, la colonialidad tecnológica suele pasarse por alto. El ciclo de vida de la tecnología humanitaria, es decir, cómo se desarrolla e implanta, y la ulterior recopilación y tratamiento de los datos merece ser objeto de estudio.

El presente artículo analiza la interrelación entre las tendencias coloniales y capitalistas y el trabajo humanitario. Al cuestionar la idea paternalista de que la identificación debería ser un requisito previo para la prestación de servicios, por ejemplo, podremos comenzar a desentrañar las presuposiciones coloniales sobre la integridad ligadas a las tecnologías biométricas. En última instancia, este artículo pretende dar un nuevo impulso a las medidas genuinamente encaminadas a la descolonización mediante el análisis del uso de las tecnologías biométricas y su omnipresencia en el sector.

Colonialismo, colonialidad, descolonización y horizontes decoloniales

La descolonización del sector humanitario es un proceso que pasa por tomar conciencia y analizar el pasado, el presente y el futuro de forma simultánea. Si bien el colonialismo hace referencia de por sí a eventos que sucedieron en el pasado, como el sometimiento y la extracción de recursos de territorios y pueblos no occidentales, la colonialidad pone de manifiesto la continuidad en el presente del legado cultural, político y económico de los sistemas coloniales.

El sector humanitario está marcado tanto por el colonialismo como por la colonialidad. El colonialismo humanitario, por ejemplo, refleja la compleja relación entre los ideales humanitarios y las narrativas coloniales sobre las necesidades de los grupos colonizados. Aunque esto no quiere decir que el trabajo humanitario se emprenda con intenciones colonizadoras, sí implica que dicha labor está influenciada por la colonialidad, tanto implícita como explícitamente.

Los usos de la biometría en el sector humanitario demuestran cómo la tecnología puede imitar, reintroducir y arraigar aún más los procesos y las dinámicas de poder colonialistas. La palabra que mejor describe el nexo entre la tecnología y la colonialidad es «tecnocolonialismo», un término acuñado por la Dra. Mirca Madianou en 2019. Los dos elementos clave del tecnocolonialismo anteriormente descritos se aplican al uso de la biometría, es decir, la perpetuación de las formas coloniales de poder y la extracción del valor de mercado de los contextos humanitarios.

Las tecnologías biométricas y las operaciones humanitarias

La adopción de la recopilación de datos por medio de la biometría para el registro y la prestación de servicios ilustra que la tecnología se ha vuelto un componente integral de las operaciones humanitarias. Tras varios casos recientes en los que se recopilaran, compartieran o accedieran de manera indebida a datos biométricos, además de los casos de fallo o mal uso de la tecnología biométrica, las organizaciones humanitarias están poniendo en tela de juicio el papel que estos sistemas desempeñan actualmente en el sector. Sin embargo, este cuestionamiento de los sistemas biométricos flaquea, a pesar de los nuevos perjuicios derivados de su uso, como la difusión de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de los datos biométricos de personas rohinyás refugiadas con el Gobierno de Bangladesh, quien a su vez los compartió con el Gobierno de Myanmar; la obtención de datos biométricos sensibles custodiados por donantes provenientes de esa minoría mundial por parte de los talibanes y la exclusión de personas desplazadas de los servicios debido a su registro en bases de datos biométricas tanto en Kenya como en India.

Quienes defienden el uso de la biometría alegan que esta tecnología ayuda a combatir el fraude, mejora la eficiencia de los programas de ayuda y beneficia a las personas que participan en estos, al proporcionarles un método de identificación único (por ejemplo, la huella dactilar o el escaneo del iris). Sin embargo, los estudios sobre esta cuestión han revelado de manera reiterada que no hay suficientes evidencias para respaldar estas afirmaciones. Además, la creciente atención que están recibiendo la protección de datos y los derechos de las personas afectadas por la respuesta humanitaria lleva a plantearse si el riesgo de utilizar la biometría merece la pena en comparación con su potencial beneficio. Las organizaciones han respondido de manera diferente a esta reflexión, lo que ha dado lugar a la ausencia de un planteamiento sectorial coherente en lo relacionado con la biometría. Las personas que se ven afectadas por el uso de los sistemas biométricos no han logrado depurar responsabilidades debido a la falta de normas y prácticas claras.

Los discursos sobre la biometría perpetúan los colonialismos del poder

El colonialismo se caracteriza por su naturaleza insidiosa, es decir, la manera en que se infiltra en las acciones cotidianas y causa daños. En el caso de la biometría, es importante analizar tanto la tecnología como el debate que suscita. ¿Cuál es la opinión que está suscitando la biometría? Los fines humanitarios que se atribuyen al uso de la biometría se fundamentan en una serie de suposiciones sobre cómo deberían relacionarse las organizaciones humanitarias y las comunidades afectadas. Si indagamos en las razones básicas por las que sería necesario utilizar esta tecnología concreta en las tareas de identificación y verificación, queda patente que estas suposiciones están arraigadas en la colonialidad y la perpetúan.

Por ejemplo, los argumentos sobre la necesidad de usar la biometría para combatir el fraude no solo dan por sentado que quienes necesitan ayuda podrían intentar obtener más recursos de manera fraudulenta, sino también que el problema del fraude por parte de las personas beneficiarias es lo suficientemente significativo como para justificar la recopilación masiva de datos biométricos sensibles de todas ellas. A pesar de que hay evidencias que demuestran que la tasa de fraude entre las personas beneficiarias es mínimo y que el problema emana más bien de la cadena de suministro, persiste el discurso de la persona beneficiaria que se aprovecha del sistema, lo que criminaliza aún más a personas que ya son vulnerables de por sí.

El discurso sobre el fraude reproduce una dinámica de poder que posiciona a quienes reciben la ayuda como agentes poco fiables en los contextos del sector humanitario, donde escasean los recursos. En este sentido, el uso de las tecnologías biométricas reafirma la primacía de las organizaciones humanitarias y las posiciona como árbitros que deciden sobre el justo reparto de recursos limitados.

Al situar a las organizaciones humanitarias como actores que toman las decisiones sobre el acceso y a las personas beneficiarias como agentes poco fiables que deben demostrar su honestidad y sus méritos, el uso de la biometría perpetúa la categorización de las personas en función de las definiciones sobre la condición humana provenientes del mundo minoritario. Según este planteamiento, las tecnologías biométricas se emplean para poner todo el control en manos de las organizaciones humanitarias. Las comunidades afectadas tienen pocas posibilidades de desafiar o cuestionar el sistema y, lo que es más importante, pocas vías de recurso cuando los sistemas fallan.

Las fuentes de financiación para la recopilación masiva de datos biométricos

El predominio de los principales responsables de la toma de decisiones relacionadas con los flujos de financiación ha consolidado la influencia y las preferencias de las poderosas naciones del Norte Global y las organizaciones internacionales. Gran parte del uso de la biometría en el sector proviene de los organismos de las Naciones Unidas, que han incluido la recopilación de datos biométricos en sus estrategias a largo plazo. Por ejemplo, en el Gran Pacto de 2016, ACNUR se comprometió a ampliar el uso de la biometría para registrar a las personas refugiadas en hasta 75 operaciones a nivel mundial para el año 2020. A fecha de 2023, esta tecnología se ha aplicado en 90 operaciones. Cabe destacar que los compromisos asumidos por el Programa Mundial de Alimentos y ACNUR en el Gran Pacto para ampliar el uso de la biometría en sus operaciones están relacionados con la labor para «reducir los costes de gestión».

Concretamente, las organizaciones que recopilan datos biométricos están financiadas principalmente por los gobiernos del Norte Global y muchos de ellos tienen interés en recopilar y utilizar este tipo de información. Aunque existen ciertos acuerdos públicos entre los organismos de las Naciones Unidas y los gobiernos, suele haber poca transparencia en torno a la manera en la que se utilizarán los datos biométricos y quién los utilizará. El Gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, dota a ACNUR de financiación y le exige que comparta los datos biométricos de todas las personas refugiadas remitidas para su asentamiento en el país.  Estos datos se almacenan de forma permanente en una red interconectada de datos del Gobierno estadounidense, a pesar de que solo se aceptan menos de una cuarta parte de las solicitudes de reasentamiento presentadas.

La imposibilidad de llegar a acuerdos sobre el intercambio de datos limita la capacidad de las personas afectadas y de la sociedad civil para comprender cómo se gestiona esa información. En vista de la falta de transparencia, no podemos descartar la posibilidad de que exista una relación entre los esfuerzos de vigilancia, incluidos con fines militares y de lucha contra el terrorismo, y la recopilación de datos biométricos.

En la actualidad, el discurso sobre la eficacia y el control del fraude prevalece sobre el debate acerca de los perjuicios, incluido el estudio mencionado anteriormente que demuestra la aplicación de las tecnologías biométricas en otras prácticas extractivas de datos, así como también persiste el malestar y la preocupación que expresan las propias comunidades afectadas. Al integrar las preferencias de los financiadores, el uso de la biometría da prioridad a los agentes externos y limita la capacidad de elección, la agencia y las posibilidades de los agentes locales.

La extracción del valor de mercado de los contextos humanitarios

La tecnología y la colonialidad en el sector humanitario se entrelazan con otros sistemas de poder, como el capitalismo, y se refuerzan mutuamente. Por definición, el capitalismo se basa en la desigualdad y en la extracción; es decir, en un mundo donde los recursos son limitados, hay quienes tienen capital y quienes no lo tienen. Si bien la teoría decolonial postula que cualquier futuro verdaderamente decolonial habrá de ser anticapitalista (además de antirracista y feminista), el conflicto de intereses entre las tecnologías con ánimo de lucro (capitalistas) y los programas humanitarios sin ánimo de lucro (decoloniales) merece ser objeto de un análisis más profundo. El creciente papel de las empresas del sector privado a la hora de desplegar tecnologías en los espacios humanitarios también debe ser objeto de debate. Un ejemplo es la asociación del Programa Mundial de Alimentos con Palantir, una empresa respaldada por la CIA que se ha ganado una pésima reputación por asistir en la aplicación de leyes migratorias.

Dado que son las empresas del Norte Global, cuyo objetivo es distribuir dividendos entre su accionariado, las que desarrollan las tecnologías, muchos de los sistemas que se implantan en el sector humanitario no están diseñados por ni por ni para quienes acaban utilizándolas o cuyos datos se recaban. En pocas palabras, el desarrollo tecnológico refleja de dónde proviene la financiación,

algo que también se aplica a la tecnología biométrica. Los problemas de mal funcionamiento de los escáneres de huellas dactilares en personas con tonos de piel más oscuros o en trabajadores agrícolas y manuales, o bien el funcionamiento deficiente de los escáneres de iris en personas mayores, pueden llevar a que se excluya a estos grupos de los servicios. Hasta la fecha, no hay muchos datos sobre las tasas de fallo, pero, en contextos humanitarios, donde la biometría suele ser obligatoria para acceder a productos de primera necesidad, el fallo de esta tecnología podría impedir que determinadas personas accedan a servicios y productos básicos.

Normalmente, la tecnología biométrica no está diseñada para su uso en contextos humanitarios, ni tampoco pensando en quienes deben usarla. En muchos de los ejemplos en los que se ha implantado la biometría en los programas humanitarios, su uso ha sido obligatorio, ya fuera como la única opción para identificar y verificar a una persona o por descartarse cualquier otra alternativa. Esta imposición del uso de tecnologías en el sector humanitario que no han sido previamente puestas a prueba plantea preocupaciones sobre el consentimiento genuino de las comunidades.

El entusiasmo y las oportunidades de financiación que genera la «innovación» en el sector llevan a las organizaciones humanitarias a introducir un número cada vez mayor de fuentes de riesgos potenciales mediante la adopción de tecnologías no probadas, lo que convierte los entornos humanitarios en laboratorios de experimentación. En general, los profesionales humanitarios son conscientes de la necesidad de diseñar proyectos pilotos de manera ética y responsable. Sin embargo, la creciente experimentación tecnológica en el sector, donde se emplean tecnologías de la industria privada o donde la financiación procede directamente de empresas privadas, genera tensiones inherentes entre los resultados deseables y la reproducción de patrones coloniales en los que los avances se utilizan para controlar a una mayoría de personas.

Conclusiones

En última instancia, la biometría es, por su naturaleza, una tecnología extractiva y físicamente invasiva. A medida que los organismos humanitarios van recopilando, midiendo y extrayendo información física de las personas para evaluar si son dignas de confianza y ayuda, la biometría reproduce prácticas particularmente perversas del colonialismo histórico. Por tanto, la extracción masiva de datos biométricos es difícilmente justificable, especialmente cuando se combina con la experimentación y el lucro económico para quienes desarrollan dicha tecnología.

Aunque se conocen y se entienden los potenciales perjuicios del uso de la biometría, muchas organizaciones evitan plantearse si el discurso sobre el fraude y la eficiencia es suficiente para contrarrestar el riesgo de implantar estas tecnologías. En vista de los potenciales daños, consideramos que la respuesta es «no». La reticencia y la falta de confrontación de las evidentes y graves desventajas que presenta el uso de la biometría restan sinceridad a los esfuerzos de descolonización.

En la práctica, descolonizar las operaciones humanitarias ha demostrado ser una tarea tremendamente compleja. Avanzar con demasiada rapidez puede redistribuir la carga entre los socios locales sin que haya una redistribución del poder. Del mismo modo, un progreso demasiado lento perpetuará las prácticas perniciosas y dará lugar a la posible introducción de nuevas formas de colonialidad. Encontrar alternativas a las tecnologías biométricas altamente extractivas es posible. El trabajo realizado por CISPA y por el Comité Internacional de la Cruz Roja sobre la preservación de la privacidad en la distribución de la ayuda humanitaria y el uso de formas de identificación no biométricas en la respuesta humanitaria en Ucrania pone de manifiesto la necesidad de considerar por qué y cómo se adopta esta tecnología en el sector. Atreverse a cuestionar el uso de estas tecnologías es un paso importante para evitar la reproducción de nuevas formas de colonialidad en la esfera humanitaria y, además, genera oportunidades de desplegar esfuerzos significativos y holísticos para descolonizar el sector humanitario en general.

Quito Tsui
Investigadora asesora independiente
linkedin.com/in/quito-t-2ab118133/

Elizabeth Shaughnessy
Responsable de programas digitales, Oxfam Gran Bretaña
linkedin.com/in/elizabethshaughnessy/

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