Un enfoque para hallar soluciones duraderas en función de la edad

Los ancianos probablemente tengan limitaciones específicas en cuanto al desplazamiento; sin embargo, las soluciones duraderas ideadas por muchos Estados tienden a seguir un enfoque comodín, aplicable a todos. La implementación de soluciones transitorias pero factibles puede, al menos, minimizar algunos de los desafíos socioeconómicos y psicológicos adversos que plantea el desplazamiento para los ancianos. 

Existen pocas intervenciones que satisfacen las necesidades de los ancianos desplazados, y rara vez se documenta su situación durante conflictos y desastres. La invisibilidad de los mayores desplazados en los datos y en la posterior programación refleja el perfil limitado de las necesidades y vulnerabilidades específicas de grupos especiales dentro de poblaciones desplazadas más grandes. Sin embargo, los ejemplos existentes demuestran que las emergencias humanitarias afectan en forma desproporcionada a la población de adultos mayores en situaciones de conflicto y desastre. En Japón, el 66 % de las 15.681 personas que murieron (y cuya edad se verificó posteriormente) por el gran terremoto y tsunami que afectó al este de Japón en marzo de 2011 eran mayores de 60 años. Asimismo, un estudio realizado en el contexto de la crisis de refugiados de 2012 en Sudán del Sur arrojó que la tasa de mortalidad de la población mayor de 50 años cuadruplicaba la de la población de entre 5 y 50 años de edad.[i]

Las personas mayores son, en general, los últimos en huir cuando se desata un conflicto o un desastre debido a su poca movilidad y a su reticencia a dejar el entorno familiar. Una vez desplazados, los mayores pueden enfrentarse a una mayor dificultad para recuperar sus medios de subsistencia y a menudo están en desventaja económica en comparación con los más jóvenes. Su búsqueda de soluciones duraderas, ya sea mediante el regreso a sus comunidades de origen, la integración en los sitios de refugio o el asentamiento en un lugar distinto, se puede obstaculizar aún más por un estado de salud delicado, que con frecuencia se deteriora mientras están en situación de desplazamiento.

Por lo general, estas vulnerabilidades específicas de las personas mayores no se mencionan en los instrumentos internacionales vigentes que abordan los desplazamientos internos y las soluciones duraderas. Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de la ONU y el Marco de soluciones duraderas para los desplazados internos del Comité Permanente entre Organismos (IASC por sus siglas en inglés) reconocen seriamente que la tercera edad es uno de los grupos vulnerables cuyas "necesidades especiales" requieren atención.[ii] Sin embargo, a pesar de realizar planteamientos específicos sobre estas necesidades en mujeres y niños, los principios rectores no definen las necesidades de la tercera edad, y el marco del IASC menciona de forma explícita las necesidades de las personas mayores como un grupo vulnerable solamente en el contexto de la reunificación familiar después del alejamiento durante una situación de desplazamiento.

Sociedades que envejecen: Georgia y Japón

Los desplazamientos reiterados y prolongados acentúan aún más la vulnerabilidad de los mayores. En Georgia, más del 90 % de los 267 323 desplazados internos registrados hasta octubre de 2015 estaban desplazados desde principios de la década de 1990; más de 33 000 de ellos eran mayores de 60 años. El conflicto de 2008 produjo a una nueva "cohorte" de desplazados internos, al tiempo que acentuó aún más las vulnerabilidades de los desplazados internos de la antigua cohorte. La reanudación del conflicto afectó una vez más los medios de subsistencia y los vínculos sociales, que presentaron importantes desafíos para los mayores que luchaban por adaptarse a un entorno poco familiar.[iii]

De igual modo, se considera que los ancianos que sufrieron varios desplazamientos tras los desastres de Japón de 2011 y los que vivían solos presentan una vulnerabilidad especial. Una encuesta sobre desplazados internos desde el desastre nuclear de Fukushima demostró que estas personas se movilizaron, en promedio, 4,6 veces. Con frecuencia, el desplazamiento reiterado se tradujo en un cambio en la estructura del hogar, que muestra el traslado de adultos jóvenes a tipos de alojamiento temporal diferentes de aquellos a los que se dirigían las generaciones de edad avanzada, lo que provocó la separación de parientes. Asimismo, las personas mayores tendieron a permanecer en viviendas prefabricadas u otro tipo de alojamiento temporal durante largos períodos. En la prefectura de Miyagi, que fue la más afectada por el tsunami, el 43,8% de los residentes de viviendas prefabricadas eran mayores de 65 años según una encuesta realizada en el año 2014.

En general, los ancianos tienden a afrontar más desafíos que los jóvenes a la hora de recuperar su bienestar económico y rehacer el nivel de vida anterior al desastre. En Georgia, las altas tasas de desempleo y las bajas pensiones públicas han sido una problemática particular dados los costos de salud elevados y permanentes de las personas mayores desplazadas. Si bien Japón posee un sistema de seguridad social y pensiones bien desarrollado, muchos desplazados internos de edad avanzada, en especial en las zonas rurales contaminadas por la lluvia radiactiva, han experimentado un aumento en el costo de vida. Muchos de ellos antes tenían una parcela de tierra de la que obtenían la mayor parte de su alimento y aprovechaban los ricos recursos naturales disponibles en su comunidad. Al ser desplazados, sentían que invertir en la compra de nuevas tierras o equipos agrícolas era demasiado costoso y arriesgado debido a la constante incertidumbre sobre cuánto duraría el desplazamiento y hasta cuándo vivirían.

Los ancianos en ambas cohortes de desplazados en Georgia presentaron un alto índice de problemas crónicos de salud (por ejemplo, hipertensión, problemas de movilidad, enfermedad cardíaca y diabetes) a menudo agravados por una mala calidad de vida, como en el caso de los desplazados internos reubicados en edificios que fueron adaptados rápidamente como centros de alojamiento colectivo. Los desplazados internos de edad avanzada, en particular los que viven en centros colectivos, también han presentado condiciones psicológicas preocupantes, por ejemplo, un índice mayor de insatisfacción, depresión y ansiedad debido a sentimientos de aislamiento social combinado con condiciones de vivienda de extrema pobreza.[iv]

Los desplazamientos prolongados producidos por los desastres de Japón de 2011 también se han cobrado un alto precio en el bienestar físico y mental de las personas mayores. Las condiciones de vida en las viviendas prefabricadas, aunque eran mucho mejores que las de los centros de evacuación de emergencia donde se alojó gente inmediatamente después del desastre, continuaban siendo deplorables. Del mismo modo que en el caso de Georgia, muchos de los residentes mayores experimentaron un deterioro en los problemas crónicos de salud y una mayor prevalencia de trastornos del sueño, ansiedad y depresión. En la prefectura de Fukushima, las muertes ocasionadas por problemas de salud y suicidios después de la catástrofe nuclear superó las que se produjeron a causa de los impactos directos por el terremoto y el tsunami: los mayores de 66 años representaron el 90% de las víctimas.

Para muchos de los ancianos, la experiencia de ser desplazado —en particular, la incertidumbre de un desplazamiento prolongado y la disminución de las perspectivas de volver a la normalidad cada año que pasa en el limbo— puede afectar su independencia, situación que los vuelve dependientes de la ayuda del gobierno o de sus familias. En el caso de algunos mayores desplazados debido al accidente nuclear en Japón, esto ha provocado la sensación de que no pueden decidir por sus propios medios dónde pasar el resto de sus vidas. Mientras que muchos de ellos desean regresar a sus comunidades y hogares nativos, saben que sus hijos y/o nietos no siempre desean lo mismo. Esto refleja la gran brecha generacional en la percepción del regreso como una posible solución duradera: los ancianos suelen ver el retorno como algo más deseable que las generaciones más jóvenes, ya que estos tienden a estar más preocupados por los riesgos que plantea la radiación. Mientras que en Georgia los retornados enfrentan riesgos muy diferentes al regresar, un estudio reciente de ACNUR (la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) también ha demostrado que los mayores prefieren regresar a sus comunidades de origen mucho más que los jóvenes, quienes, en su mayoría, observan una perspectiva limitada de seguridad económica y física en sus comunidades de origen.

La perturbación de la vida comunitaria y los vínculos sociales pueden afectar aún más la posición de la tercera edad en sus familias y comunidades. Muchos de los ancianos desplazados a causa de los desastres de Japón de 2011 extrañaban cuidar sus tierras y no disponían de espacio para recibir a sus hijos y nietos tras mudarse a viviendas temporales. Los hombres mayores, en particular, se aislaron aún más por la pérdida de posición y autoridad que tenían en sus comunidades de origen. Muchos también sufrieron una alteración en los lazos de parentesco. Por temor a la soledad, algunos se trasladaron a los pueblos o ciudades de sus hijos o parientes más jóvenes inmediatamente después del desastre, pero muchos decidieron regresar, en última instancia, a viviendas temporales más cercanas a sus comunidades de origen, porque se sentían inseguros de vivir en un entorno desconocido.

En forma similar, el desplazamiento de espacios físicos tuvo una influencia negativa en la manera en la que los mayores en Georgia construyen su propio concepto de si mismos y se relacionan con los miembros de sus (antiguas) redes sociales. Se informó que muchos hombres mayores desplazados de los conflictos en la década de 1990 desarrollaron problemas psicológicos debido a sentimientos de culpa y fracaso relacionado con la imposibilidad de proteger a su familia y hogar durante el conflicto. Además, muchos de los ancianos desplazados afrontaron una mayor marginación social debido a que una gran cantidad de centros de alojamiento colectivo tienen muchos pisos (y no hay ascensores) y pocos espacios comunes, situación que limita la interacción social, en particular entre los ancianos con movilidad reducida. La distribución de individuos de un mismo pueblo en centros de alojamiento diferentes también implicó que muchos ancianos se desconectaran de sus antiguas redes y, por lo tanto, hoy viven con personas completamente extrañas. Otro problema en estos centros es la falta de acceso a parcelas de tierra, identificado por muchos adultos mayores como importante no solo para su estabilidad económica, sino para sentirse productivos.

Soluciones duraderas adecuadas para los mayores

Los casos de Japón y Georgia indican que las personas mayores son una cohorte de población radicalmente distinta a la hora de considerar soluciones duraderas. Mientras que los ancianos son, con frecuencia, los últimos en movilizarse durante situaciones de emergencia, también suelen ser los últimos en dejar los alojamientos temporales. Los mayores tienden a ver un riesgo mayor en la transición hacia entornos desconocidos, y, en este sentido, su preocupación por perder la poca continuidad y familiaridad que les ofrece su situación actual suele ser mayor que su preocupación por los posibles riesgos que plantean estas situaciones. Este razonamiento afecta la percepción que tienen los desplazados internos de edad avanzada sobre las soluciones duraderas. En muchos casos, los ancianos sienten que, debido a su edad, su salud y el impacto perjudicial del desplazamiento en su bienestar económico y posicionamiento social, no tienen tiempo para esperar a una solución que sea duradera de verdad.

Idear soluciones transitorias pero factibles que puedan, al menos, minimizar algunos de los desafíos adversos psicológicos y socioeconómicos que plantea el desplazamiento para la tercera edad implica prestar la debida atención a los siguientes factores:

Incluir a la tercera edad en la formulación del programa: la pérdida de productividad y la resultante dependencia de ayuda del gobierno y/o de las generaciones más jóvenes inciden en el bienestar y el sentimiento de autoestima de los mayores, y los hace más propensos al aislamiento. Los esquemas de respuesta de recuperación y de transición de la asistencia humanitaria al desarrollo podrían abordar dichas vulnerabilidades (y, al mismo tiempo, aprovechar los conocimientos y la experiencia de los mayores) al integrarlos de forma activa como asesores.

Permitir una transición gradual y la retención de cierta continuidad: en general, las personas mayores pueden tener una capacidad limitada para adaptarse a nuevas soluciones. Cada experiencia de desplazamiento consume aún más su capacidad y disposición para invertir tiempo en integrarse y rehacer su vida en un nuevo entorno. De este modo, las soluciones de desplazamiento para las personas mayores deben garantizar cierto grado de continuidad en el proceso de transición y reducir el total de transiciones necesarias. Esto conlleva adaptar la ayuda a las nuevas necesidades y, al mismo tiempo, permitir que las personas mayores puedan predecir cómo esta transición afectará su vida.

Preservar la cohesión de la comunidad: la alteración de los vínculos sociales y de parentesco preocupa más a la tercera edad que a los jóvenes; con frecuencia, a estos últimos les es más fácil construir nuevas redes. Así, el reasentamiento desde refugios de emergencia hacia alojamientos temporales se debería efectuar, en lo posible, con un énfasis en la preservación de los lazos comunitarios. El apoyo a la tercera edad para dirigir sus asociaciones, clubes o cooperativas también podría contribuir a la preservación o construcción de una cohesión social en comunidades reubicadas.

Analizar los riesgos: la planificación de soluciones transitorias requiere analizar diversos riesgos. Por ejemplo, mientras que las condiciones de vida extremas de los refugios de emergencia o de las viviendas prefabricadas exigen una pronta transición a una vivienda mejor, es probable que el reasentamiento apresurado genere más trastornos en las comunidades y agudice el aislamiento de las personas mayores. Por consiguiente, es necesario equilibrar, en la medida de lo posible, la velocidad de las mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones desplazadas con medidas que garanticen la continuidad de los vínculos sociales y la cohesión de la comunidad.

Si bien el abordaje debe ser específico en función del contexto, la necesidad de adoptar enfoques que tengan en cuenta la edad al buscar soluciones duraderas pone de relieve la importancia de evaluar el perfil de las poblaciones desplazadas de modo que las soluciones estén dirigidas a satisfacer las necesidades y vulnerabilidades de los diferentes segmentos de las poblaciones afectadas.

 

Ana Mosneaga mosneaga@unu.edu

Investigadora asociada, Universidad de las Naciones Unidas, Instituto de Estudios Avanzados sobre la Sostenibilidad http://ias.unu.edu/en/

 

MichaellaVanore michaella.vanore@maastrichtuniversity.nl

Investigadora, Universidad de Maastricht, Escuela de Gobernanza / Universidad de las Naciones Unidas, Instituto de Investigación Social y Económica de Maastricht http://migration.merit.unu.edu/


[i] Karunakara U y Stevenson F (2012) Ending Neglect of Older People in the Response to Humanitarian Emergencies [Poner fin al descuido de las personas mayores en la respuesta a las emergencias humanitarias], PLOS Medicine 9(12) http://goo.gl/nGmFtE

[ii] http://tinyurl.com/GPsInternalDisplacement y http://tinyurl.com/IASC-IDP-Framework. Ver también Revista Migraciones Forzadas n.º 14 (2002) ‘Ancianos desplazados: ¿al final de la cola?’ www.fmreview.org/es/ancianos_desplazados

[iii] Johns Hopkins Bloomberg School of PublicHealth (2012) Aging in Displacement: Assessing Health Status of Displaced Older Adults in the Republic of Georgia [El envejecimiento en el desplazamiento: una evaluación del estado de salud de los adultos mayores desplazados en la República de Georgia]. http://tinyurl.com/JHBSPH-GeorgiaAging

[iv] Véase la publicación breve sobre centros colectivos en la Revista Migraciones Forzadas en la edición número 33

www.fmreview.org/es/situaciones-prolongadas

 

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